lunes, 12 de diciembre de 2011

La piel me quemaba donde rozaba la suya. Eso me hacía sentirme mejor que bien, pero también provocaba un extraño dolor en mi pecho.
Siempre me tocaba de ese modo, como si necesitara asegurarse de que estaba allí. ¿Se daba cuenta de lo que me hacía sentir simplemente presionando su palma cálida contra la mía? ¿El pulso también se le disparaba en las venas, como a mi? ¿O simplemente es que estaba feliz de no estar ya solo?
Meció su brazo agarrado al mío mientras caminábamos a lo largo de una pequeña alameda cuyo verde resaltaba tan vívido contra el rojo que creaba extrañas ilusiones en mis ojos, confundiendo mi visión. Él era dichoso aqui, más que en otro lugar cualquiera. Yo también era feliz, y ese sentimiento aún me resultaba poco familiar.
No me había vuelto a besar desde aquella primera noche, cuando grité al encontrar la cicatriz en su cuello. ¿Acaso no quería besarme de nuevo? ¿Debía hacerlo yo? ¿Y qué pasaría si no le gustaba?
Me miró desde arriba y sonrió; las líneas en torno a sus ojos se arrugaron hasta formar pequeñas telarañas. Me pregunté si era tan guapo como yo creía o si simplemente se trataba de que era la única persona que quedaba en el mundo aparte de mi.
No, no creía que fuera eso. Realmente era guapo.
[..]
-Estoy  seguro de que estás cansada de huir.
-Si, lo estoy- confirmé. Respiré hondo para coger ánimos-, Pero si tú te vas yo también me voy.
Él me abrazó más fuerte.
-Lo admto: la verdad es que lo prefiero así, La idea de separarme de ti....- Se echó a reir en voz baja-. Te va a parecer de locos, pero te digo que casi preferiría morir.. ¿O eso suena melodramático?
-No, sé lo que quieres decir.

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